Cerveza y ciclismo: compatibilidad con beneficios

El artículo 1.2.030 bis del Reglamento del Deporte Ciclista establece que “ninguna marca de tabaco, de licores, de artículos pornográficos, o de otros que pudieran perjudicar la imagen de la UCI o del ciclismo en general pueden ser asociadas directa o indirectamente con un licenciado, un equipo UCI o un evento ciclista nacional o internacional”, considerándose licor cualquier bebida con una graduación alcohólica igual o superior al 15%, según el máximo organismo ciclista mundial.

Con la introducción de esta norma, se ponía fin hace ya algunos años al patrocinio de marcas de bebidas de alta graduación, cortándose una tradición que en este deporte había tenido ejemplos muy positivos. Sin ir muy lejos, fue el caso de las Destilerías Dyc en Segovia, apoyo durante muchos años de la Vuelta a España y otras carreras como la Vuelta a Castilla y León, y habitual llegada de la etapa por la Sierra del Guadarrama.

La cerveza, afortunadamente, no está excluida de estos patrocinios, aunque por razones de marketing, ninguna de las grandes firmas nacionales ha apostado por el ciclismo, al menos al mismo nivel que otras esponsorizaciones futboleras, por ejemplo. Tampoco hay que remontarse a muchos años para recordar a Aguila en el Gran Premio de la ronda nacional.

En ese sentido, podríamos tomar ejemplo de Bélgica y de los Países Bajos, donde la convivencia entre ciclismo y cerveza es indisociable. Y no sólo porque exista una prueba llamada Amstel Gold Race patrocinada por esta cervecera desde hace más de cuarenta años, sino que los miles de aficionados que se congregan en una prueba de carretera o de ciclocross saborean –a veces más de la cuenta- las delicias de cualquiera de las cervezas de ese paraíso llamado Bélgica.

Claro que la interacción que demuestran las imágenes adjuntas es todavía más fuerte: un pedalo-bar de la capital holandesa y uno más individual, aunque venga de Oregon (Estados Unidos).

Incluso el cicloturismo también tiene sus opciones cerveceras, aunque sea en Bélgica, con una empresa, Beercycling, que combina estos dos placeres.

Vista la relación, en estos momentos de crisis financiera de las carreras y equipos ciclistas, no estaría mal recurrir a las compañías cerveceras como posibles esponsors –y que éstas comenzaran a ver al ciclista como público objetivo-, aunque esté más asociada la imagen del consumo de birras a la retransmisión televisiva de un partido de fútbol.

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